Kuwait ha sido objeto de ataques iraníes contra sus plantas de desalinización y energía por cuarto día consecutivo. Estos ataques ejercen una presión sin precedentes sobre el país, que depende en gran medida de la desalinización para su suministro de agua. Analistas sugieren que Irán busca llevar a cabo una “guerra psicológica” contra Kuwait, un país con opciones limitadas para responder. La estrategia apunta a desestabilizar el suministro de agua, un recurso vital en la región. La situación incrementa las tensiones en el Golfo Pérsico y plantea preocupaciones sobre la seguridad energética y hídrica de Kuwait. Los ataques podrían tener consecuencias económicas y sociales significativas para la población kuwaití. No se han reportado víctimas, pero los daños a la infraestructura son motivo de alarma.