Tras el fallecimiento del líder supremo Ali Jameini a finales de febrero, se observa un cambio significativo en la estructura de poder en Irán. Jameini, conocido por su postura inflexible contra cualquier acercamiento con Estados Unidos, representaba un obstáculo para las negociaciones con Washington. Su muerte ha permitido que los Guardianes de la Revolución, previamente opositores a dichas negociaciones, participen ahora directamente en la toma de decisiones. Este nuevo escenario sugiere una mayor cohesión interna, pero también una línea más dura en la política exterior iraní. Se espera que la influencia de los Guardianes de la Revolución se consolide, marcando un giro en la dirección del país. El cambio implica un debilitamiento de las facciones más moderadas y un fortalecimiento de las posturas más radicales. Analistas sugieren que este nuevo equilibrio de poder podría complicar aún más las relaciones de Irán con la comunidad internacional.
