La profesora de la NYU, Carolyn Kissane, afirma que la demanda mundial de petróleo ha alcanzado su punto máximo. Esta conclusión se basa en la significativa interrupción del suministro petrolero, la mayor en la historia reciente. La pandemia de COVID-19 y los cambios hacia fuentes de energía renovables contribuyen a esta desaceleración en el crecimiento de la demanda. Kissane sugiere que, aunque el petróleo seguirá siendo importante, su dominio energético está disminuyendo. La transición energética y la eficiencia en el consumo están reconfigurando el panorama energético global. Este cambio implica implicaciones significativas para los países productores y las estrategias energéticas a largo plazo. La era de crecimiento constante en la demanda de petróleo ha llegado a su fin, marcando un punto de inflexión en la industria.
