Los líderes del G7 no lograron un frente común contra China en su reciente cumbre en Francia, debido a tensiones internas y la postura impredecible del presidente estadounidense Donald Trump. La discusión sobre el aumento de las exportaciones chinas, la supuesta sobrecapacidad industrial y la manipulación de divisas –denominado “China shock 2.0”– no resultó en un acuerdo público. Europa está considerando la posibilidad de un nuevo acuerdo similar al Plaza Accord de los años 80 para abordar estas preocupaciones. El acuerdo original buscaba devaluar el dólar estadounidense para mejorar la competitividad de otros países. La falta de consenso en el G7 refleja las dificultades para coordinar una respuesta unificada a los desafíos económicos planteados por China. La situación plantea interrogantes sobre la capacidad de Europa para influir en las políticas comerciales chinas sin el apoyo de Estados Unidos.