Historiadores han investigado la transformación de la higiene personal a lo largo del tiempo, descubriendo que el baño no siempre fue una práctica común. Inicialmente, en la antigüedad y la Edad Media, el aseo frecuente era asociado con las clases altas, quienes disponían de los recursos para ello. Para las clases bajas, la falta de acceso a instalaciones y recursos hacía que la higiene fuera menos prioritaria. Con la Revolución Industrial y el surgimiento del trabajo en entornos corporativos, la situación cambió drásticamente. La higiene se convirtió en una expectativa, impulsada por la necesidad de presentarse de manera adecuada en el ámbito laboral y social. Este cambio se consolidó con campañas de publicidad y marketing que promovieron la limpieza como un valor socialmente deseable. El estudio revela que la obsesión actual por el olor corporal es, en gran medida, un producto de condicionamientos sociales e históricos.
