En 2014, una ciudad estadounidense era conocida como un “desierto alimentario”, pero Paul Quinn College encontró una solución innovadora. La universidad transformó su campo de fútbol en una granja orgánica productiva, generando alrededor de 27 toneladas de productos frescos. Esta iniciativa responde a la escasez de alimentos en la zona y fortalece la situación financiera de la institución. Los estudiantes participan activamente en un programa de emprendimiento social, suministrando productos a negocios locales. El proyecto contribuyó a la recuperación de la acreditación de la universidad y ha creado importantes alianzas comunitarias, demostrando el potencial de las prácticas sostenibles.