La reciente ola de calor en Francia ha provocado alteraciones significativas en el sistema educativo. Ante temperaturas extremas y sin medidas nacionales implementadas, escuelas han ajustado horarios o incluso cerrado sus puertas, instando a las familias a cuidar de sus hijos. Los exámenes orales se han pospuesto y las autoridades locales, tanto ayuntamientos como rectorados, han establecido células de crisis para gestionar la situación. Esta respuesta improvisada revela una falta de adaptación del país al aumento de las temperaturas y al cambio climático. La situación pone de manifiesto la ausencia de una planificación a nivel nacional para proteger a los estudiantes y al personal educativo durante eventos climáticos extremos. La crisis subraya la necesidad urgente de abordar la vulnerabilidad de la infraestructura y las políticas educativas frente al calentamiento global.
