Hace exactamente treinta años, el 23 de agosto de 1996, más de 300 familias, incluyendo numerosos niños, fueron desalojadas violentamente por la policía de la iglesia Saint-Bernard en París. Estas familias, compuestas por inmigrantes sin documentos, buscaban refugio en el templo. Las fuerzas del orden tomaron el edificio por asalto, rompiendo las puertas de la iglesia con hachas. Los ocupantes fueron rociados con gas lacrimógeno antes de ser expulsados a la calle o trasladados a centros de detención. El evento marcó un punto de inflexión en la atención a los derechos de los inmigrantes en Francia y generó fuertes críticas a las acciones policiales. La expulsión se recuerda como un momento oscuro en la historia reciente del país.