La presidencia de Gianni Infantino en la FIFA ha transformado la corrupción en el fútbol, alejándose de casos de sobornos tradicionales hacia una dinámica más similar a la polarización política observada con figuras como Donald Trump. Esta evolución implica un cambio en la naturaleza de la corrupción, aunque no necesariamente una reducción de la misma. La gestión de Infantino ha sido criticada por favorecer la centralización del poder y la falta de transparencia. Expertos señalan que la estrategia actual busca desviar la atención de los problemas estructurales mediante la creación de narrativas divisivas. La situación ha generado preocupación en el mundo del fútbol, con temores sobre la integridad del deporte y la gobernanza de la FIFA. Este nuevo enfoque, descrito como una "Trumpificación", plantea desafíos significativos para la credibilidad y el futuro del fútbol internacional.