Kazusada Sumiyama, padre de una víctima japonesa de los ataques del 11 de septiembre, expresó su continuo dolor y enojo tras 25 años de la tragedia. Sumiyama perdió a su hijo en los atentados terroristas y ha mantenido vivo el recuerdo de él a lo largo de los años. Declaró que su tristeza y resentimiento persistirán hasta el fin de sus días. Su testimonio refleja el profundo y duradero impacto de los ataques del 11-S en las familias de las víctimas de todo el mundo, incluyendo a las que se encontraban en los Estados Unidos ese día. El luto de Sumiyama subraya la universalidad del dolor causado por el terrorismo y la importancia de la memoria colectiva. Su historia es un sombrío recordatorio de las vidas perdidas en Nueva York ese fatídico día. La perseverancia de su dolor es un testimonio del amor paternal y la devastación causada por la tragedia.

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