Europa se prepara para enfrentar olas de calor cada vez más intensas, anticipando escenarios similares al devastador verano de 2003. Un estudio reciente advierte sobre la vulnerabilidad de los edificios sin sistemas de climatización y el impacto del envejecimiento de la población, que incrementa el riesgo para la salud. Francia ya ha experimentado un "test de choque" con temperaturas extremas, resultando en más de 40 fallecidos y la activación de alertas rojas en 58 departamentos. Las infraestructuras de transporte, especialmente el ferrocarril, también se han visto afectadas por las altas temperaturas. La situación pone de manifiesto la necesidad urgente de mejorar la preparación y la resiliencia ante los efectos del cambio climático. Las autoridades europeas están evaluando medidas para proteger a la población y mitigar los riesgos asociados a las olas de calor.
