En la década de los sesenta, Estados Unidos implementó un concepto disruptivo en el sector de la gastronomía. Un emprendedor diseñó un vehículo de reparto equipado con un horno integrado para cocinar las pizzas mientras se desplazaba. El objetivo principal era garantizar que el producto llegara a la mesa del cliente recién salido del horno. Esta solución buscaba optimizar la calidad y la temperatura de la comida durante el transporte. El sistema permitía que el proceso de cocción y la entrega ocurrieran de manera simultánea. Esta curiosa iniciativa representa un antecedente en la búsqueda de eficiencia logística en el servicio a domicilio. El proyecto destaca por su ingenio técnico aplicado a un negocio cotidiano de la época.