A mediados de junio, Washington preveía la retirada de las tropas ruandesas del este de la República Democrática del Congo para mediados de julio, pero esta expectativa no se ha cumplido. Las acusaciones mutuas entre Kinshasa y Kigali persisten, y las sanciones continúan vigentes. Tanto las capitales involucradas como sus aliados internacionales se culpan mutuamente por la falta de progreso en la implementación de los acuerdos alcanzados en Washington. Esta situación ha generado dudas sobre si los acuerdos están efectivamente siendo puestos en práctica. El estancamiento actual alimenta la preocupación por la inestabilidad en la región. La falta de avances concretos pone en peligro el proceso de paz en el este del Congo. La comunidad internacional observa con inquietud la evolución de este conflicto.