Durante la Segunda Guerra Mundial, los alemanes desalojaron a los habitantes de decenas de pueblos en la región de Drahansko para ampliar un espacio militar. Marie Zemánková, quien era niña en ese momento, fue una de las afectadas, obligada a abandonar su hogar en Opatovice con su familia. Regresaron cuatro años después solo para encontrar sus casas demolidas. Su sueño de estudiar en una escuela de enfermería se vio interrumpido por la colectivización, y se vio obligada a trabajar en una granja colectiva hasta su jubilación. A pesar de las dificultades impuestas por el régimen, Zemánková mantuvo su fe religiosa. Su testimonio ofrece una ventana al sufrimiento humano causado por la guerra y la ideología política. La experiencia de Zemánková resalta la pérdida y la resistencia frente a la adversidad.

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