Una escuela primaria en Uherské Hradiště, República Checa, ha mantenido una política de prohibición de teléfonos móviles durante los últimos 18 años, extendiéndose la restricción tanto a estudiantes como a profesores durante el horario escolar. Esta medida, implementada mucho antes de que se convirtiera en una tendencia común, busca contrarrestar la soledad digital entre los niños. Según psicólogos, la ausencia de dispositivos móviles ayuda a los alumnos a desarrollar habilidades para manejar conflictos y a afrontar el aburrimiento de manera constructiva. La escuela se ha convertido en un ejemplo de cómo limitar la tecnología puede promover la interacción social y el bienestar emocional de los estudiantes. La iniciativa ha demostrado ser exitosa en el fomento de un ambiente escolar más conectado y menos dependiente de la tecnología. La institución se centra en el desarrollo de habilidades sociales y emocionales en un entorno libre de distracciones digitales.