El gobierno checo ha accedido, bajo presión judicial, a que el presidente Petr Pavel asista a la próxima cumbre de la OTAN en Turquía. Sin embargo, el Ejecutivo se ha negado a que el mandatario lidere la delegación nacional. Este conflicto pone de manifiesto una profunda división interna respecto al gasto en defensa del país. La cumbre, que reunirá a 32 líderes el 7 y 8 de julio, se desarrolla en un clima de tensión generalizada. Los principales puntos de fricción incluyen el reparto de cargas financieras y las quejas de Estados Unidos sobre la implicación de sus aliados. Específicamente, se cuestiona la falta de compromiso en la reapertura del Estrecho de Ormuz. Mientras tanto, Chequia llega al encuentro con una disputa interna irresuelta sobre quién representará al país en las reuniones clave.