A pesar del Premio Nobel de la Paz otorgado en 2016, Colombia enfrenta una nueva escalada de violencia relacionada con el narcotráfico. La policía se ve obligada a reforzar su presencia, patrullando en grupos fuertemente armados y evitando adentrarse en zonas remotas controladas por grupos armados. La situación se centra en el noreste del país, donde la producción de coca persiste y alimenta el conflicto. Este retroceso pone en duda la efectividad de los acuerdos de paz y plantea interrogantes sobre el futuro de la lucha contra las drogas en Colombia. El artículo, publicado originalmente en The New York Times, describe un ambiente de inseguridad creciente y la dificultad de alcanzar una paz duradera. La persistencia del narcotráfico desafía la estabilidad del país y exige nuevas estrategias para abordar el problema.
