Investigaciones recientes sugieren que la cercanía entre padres e hijos adultos se basa principalmente en la seguridad emocional establecida durante la infancia. El estudio croata indica que no es el control parental, sino la capacidad de los padres para brindar un ambiente emocionalmente seguro lo que fomenta relaciones duraderas y positivas. Esta seguridad permite a los hijos desarrollar una base sólida de confianza y autoestima, facilitando la conexión continua en la edad adulta. Los expertos señalan que un enfoque en la comprensión y el apoyo emocional es más efectivo que intentar mantener el control sobre las decisiones de los hijos. El hallazgo resalta la importancia de cultivar un vínculo afectivo basado en la aceptación y la empatía. En definitiva, la seguridad emocional se presenta como el factor determinante para una relación familiar cercana y saludable a largo plazo.
