El artículo plantea un debate sobre si el rechazo a la tecnología, ejemplificado por la oposición a sistemas como el aire acondicionado, representa una amenaza mayor para la humanidad que el propio cambio climático. Ante la creciente frecuencia de las olas de calor, el autor cuestiona la postura de los "tecnófobos". Se argumenta que la demonización de soluciones tecnológicas podría agravar los efectos del calentamiento global y poner en riesgo la salud pública. La reflexión surge en un contexto de temperaturas extremas y la necesidad de adaptarse a un clima cambiante. El texto invita a considerar si la aversión a la tecnología es una respuesta adecuada ante los desafíos ambientales actuales. Se sugiere que la tecnología, utilizada responsablemente, podría ser parte de la solución, no del problema.