La vida no ha vuelto a la normalidad en las zonas fronterizas de Camboya siete meses después de los enfrentamientos de diciembre pasado. Alrededor de 29,000 residentes camboyanos permanecen desplazados, viviendo en campamentos de refugiados y “aldeas de espera” construidas tras el conflicto. La actividad en el puesto fronterizo de Choam-Sangam, aunque visible con motocicletas y banderas, no refleja una vuelta a la estabilidad. Los choques bélicos del 7 al 27 de diciembre han generado una crisis humanitaria continua. La situación plantea interrogantes sobre el retorno seguro y sostenible de los desplazados a sus hogares. Las autoridades locales enfrentan el desafío de reconstruir la confianza y la seguridad en la región fronteriza, crucial para la recuperación económica y social de las comunidades afectadas.

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