Durante el período de entreguerras, Bucarest celebraba anualmente la "Luna de Bucarest", un festival de gran envergadura que se extendía desde principios de mayo hasta junio. Este evento se caracterizaba por una amplia gama de manifestaciones y celebraciones que animaban la ciudad. Una de las mayores pérdidas para Bucarest relacionadas con este festival fue la demolición de los pabellones permanentes construidos en el parque "Carol al II-lea" (Herăstrău) específicamente para la "Luna de Bucarest". El régimen Dej eliminó progresivamente el recuerdo de esta tradición. La "Luna de Bucarest" atraía visitantes de todo el país, quienes incluso se beneficiaban de descuentos en los billetes de tren. Este festival representaba un momento de orgullo y alegría para la capital rumana. Su legado, aunque olvidado, resurge ahora en la memoria colectiva.