Manuel Belgrano, figura clave en la independencia argentina, falleció en la pobreza y fue inicialmente sepultado en el atrio de la iglesia Santo Domingo con una simple lápida de mármol reutilizado de un mueble familiar. Esta primera sepultura reflejaba la situación económica del héroe al momento de su muerte. Durante décadas, esta fue su única conmemoración. Recién en 1903, tras 83 años de su fallecimiento, se inauguró un imponente mausoleo de nueve metros de altura en su honor. La construcción del mausoleo representó un reconocimiento tardío al legado y la importancia de Belgrano para la nación argentina. Este monumento se erige como un símbolo de la gratitud nacional hacia uno de sus próceres más destacados.
