Durante la dictadura argentina, marcada por la represión y la censura, dos niños desplazados forjaron un vínculo de amistad. Su historia se desarrolla en un contexto de desapariciones y miedo generalizado, donde la búsqueda de un sentido de pertenencia se vuelve crucial. El fútbol emerge como un refugio y un elemento central en su relación, ofreciendo un espacio de normalidad en medio de la adversidad. El recuerdo de la Copa Mundial de México 86 se entrelaza con sus vivencias personales, simbolizando una época y un anhelo de esperanza. La amistad de estos niños representa una resistencia silenciosa frente a la opresión y un testimonio del impacto del contexto político en la infancia. Su experiencia refleja las consecuencias del desarraigo y la necesidad de conexión humana en tiempos de crisis.