Ankara está experimentando una transformación cosmética de cara a la cumbre de la OTAN, con plantación de flores y la instalación de vallas publicitarias para ocultar zonas menos favorecidas de la ciudad. Esta renovación, que ha costado más de 235 millones de dólares, incluye también la remodelación de un aeropuerto militar y la construcción de nuevas carreteras. Sin embargo, estas medidas están generando fuertes críticas por las restricciones que imponen a los residentes y comerciantes locales, con cierres de calles y negocios. La oposición denuncia que la ciudad se ha convertido en una "prisión a cielo abierto" para facilitar el movimiento de las delegaciones. Además, circulan rumores sobre el cierre de parques públicos para uso exclusivo de algunos mandatarios. Las autoridades justifican estas inversiones como proyectos a largo plazo para la ciudad.