En la Antigua Grecia, se documenta un ritual conocido como “pharmakos” que consistía en la expulsión o humillación de individuos marginados. Este acto, a veces llegando al extremo de la violencia física o la muerte, se realizaba con el objetivo de purificar la comunidad en momentos de crisis como plagas, hambrunas, disturbios civiles o contaminación religiosa. El término “pharmakos” se deriva de “pharmakon”, una palabra griega con connotaciones de veneno o remedio, sugiriendo una ambivalencia en la práctica. Este ritual representa una de las primeras y más inquietantes formas de chivo expiatorio registradas en la historia. Los antiguos griegos creían que al expulsar a estos individuos, transferían los males que afligían a la ciudad. La práctica buscaba restaurar el equilibrio y la armonía social, aunque a costa del sufrimiento de los marginados.