La Unión Europea utiliza anualmente alrededor de 150,000 animales, principalmente ratones y ratas, para probar la seguridad de productos químicos comunes. Sin embargo, investigadores europeos están explorando alternativas basadas en inteligencia artificial (IA), células humanas y “miniorganos”. El objetivo es desarrollar una nueva generación de pruebas que puedan identificar eficazmente sustancias químicas peligrosas. Estas innovaciones prometen predecir mejor los riesgos para la salud humana y, crucialmente, disminuir la dependencia de los experimentos con animales. Este enfoque representa un avance significativo hacia métodos de investigación más éticos y eficientes. Se espera que estas tecnologías transformen el proceso de evaluación de seguridad química en el futuro cercano, priorizando el bienestar animal. La investigación se centra en replicar la complejidad del cuerpo humano in vitro para obtener resultados más precisos.

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