El Mundial de Fútbol de 2026 proyecta casi duplicar las emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con torneos anteriores. Este aumento significativo se atribuye principalmente al incremento en el número de equipos participantes y, consecuentemente, a la mayor cantidad de viajes aéreos necesarios. La expansión del torneo, con más selecciones clasificadas, implica una logística más compleja y un mayor impacto ambiental. Expertos advierten que el transporte aéreo es el principal contribuyente a esta huella de carbono ampliada. La organización del evento no ha detallado medidas concretas para mitigar este impacto. Se espera que la celebración en tres países –Estados Unidos, Canadá y México– también contribuya a la complejidad logística y al aumento de las emisiones. Esta situación plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de los grandes eventos deportivos.