El artículo de *Dawn* analiza cómo Pakistán ha resultado ser un beneficiario indirecto de las políticas implementadas por la administración Trump, independientemente de si estas fueron consideradas positivas o negativas. La fluctuación en la ayuda estadounidense a Afganistán, combinada con las tensiones entre Estados Unidos y China, ha obligado a Pakistán a recalibrar sus relaciones regionales. Esto ha creado oportunidades para que Islamabad diversifique sus alianzas y busque inversiones alternativas, particularmente de China a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI). A pesar de las críticas iniciales de Trump hacia Pakistán, la retirada de tropas estadounidenses de Afganistán y el vacío de poder resultante han reforzado la importancia estratégica de Pakistán. El artículo señala que Pakistán ha logrado navegar con éxito esta compleja situación geopolítica, obteniendo beneficios económicos y políticos en el proceso, especialmente en relación con su corredor económico con China, que atraviesa Gilgit-Baltistán y Jammú y Cachemira. La inestabilidad regional ha impulsado a Pakistán a consolidar su posición como un actor clave en la región.

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