En Chile, la justificación de la violencia por parte de familias está obstaculizando el trabajo de las escuelas. Rosario Corvalán analiza las amenazas recientes contra la directora del Liceo Manuel Barros Borgoño, y la subsiguiente reacción de algunos padres que la culparon por la detención de alumnos involucrados en incidentes. La columna critica la normalización de conductas violentas y su presentación como actos de valentía. Se advierte sobre las consecuencias negativas de esta actitud para la convivencia escolar y los principios de la educación pública. La autora enfatiza la necesidad de abordar la raíz de este problema y promover una cultura de respeto y diálogo en el ámbito educativo. La defensa de la violencia socava la autoridad escolar y genera un ambiente de inseguridad para estudiantes y profesores.

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