El coleccionismo de estampas del Mundial de fútbol, especialmente las producidas por Panini, experimenta un resurgimiento en Caracas, Venezuela. A pesar de la creciente digitalización, la práctica de intercambiar y completar álbumes genera una notable afición entre la población. Este fenómeno no solo implica la ilusión de completar la colección, sino también la socialización a través de eventos de intercambio y la evocación de recuerdos familiares asociados a torneos pasados. La búsqueda de estampas específicas ha incluso impulsado la aparición de un mercado informal. La popularidad de este pasatiempo demuestra la persistencia de las tradiciones analógicas en un contexto contemporáneo dominado por la información digital. El juego de azar al abrir los sobres y la emoción de completar el álbum son elementos clave de esta renovada pasión.