El Mundial de fútbol ha implementado pausas obligatorias de hidratación de tres minutos a mitad de cada tiempo, dictadas por el árbitro. Estas interrupciones permiten a jugadores y cuerpos técnicos recibir indicaciones y rehidratarse. Sin embargo, también brindan a las cadenas de televisión un espacio para insertar publicidad, generando debate sobre si priorizan el bienestar de los atletas o los ingresos comerciales. La medida, en vigor desde hace una semana, ha modificado el ritmo de los partidos y su desarrollo. Algunos analistas sugieren que estas pausas podrían influir tácticamente en el juego, permitiendo a los equipos reorganizarse o cambiar estrategias. La FIFA defiende la medida como esencial para la salud de los jugadores, especialmente en climas cálidos. La controversia radica en el momento elegido para su implementación y su potencial impacto en el espectáculo deportivo.
