El estadio MetLife, designado como sede de la final de la Copa del Mundo 2026, ha generado controversia debido al estado de su terreno de juego. Diversos jugadores y entrenadores han expresado su descontento con la calidad del césped, señalando deficiencias significativas. Algunos críticos han comparado la superficie de juego con el césped artificial, sugiriendo que la falta de naturalidad afecta el rendimiento deportivo. Esta situación ha puesto el foco sobre las instalaciones del recinto antes del gran encuentro del 19 de julio. Las quejas se centran en cómo la superficie impacta la dinámica del juego y el control del balón. Se espera que el estado del campo
