Entrenadores y jugadores han expresado su descontento con el estado del césped en el estadio de East Rutherford, sede de la final del Mundial. Las quejas se centran en la dureza del terreno de juego, el rebote inusual del balón, la lentitud del juego que provoca y la corta altura del césped. A pesar de estas críticas, la FIFA ha declarado que la cancha cumple con todos los estándares y no presenta irregularidades. Las preocupaciones planteadas podrían afectar el desarrollo del partido decisivo del torneo. La situación ha generado debate sobre la calidad de las instalaciones y su impacto en el rendimiento de los atletas. Hasta el momento, la FIFA no ha anunciado planes para realizar modificaciones al césped.