A pocos días del inicio de la Copa del Mundo de la FIFA 2026, New Jersey presenta un panorama contradictorio. En East Rutherford, se observan estacionamientos desolados y llenos de basura que contrastan con la expectativa del evento. A pesar del estado actual de estas zonas, se prevé que se conviertan en algunos de los terrenos más costosos de la región triestatal. El entorno, caracterizado por marismas y moteles, se prepara para recibir la infraestructura del torneo. Este escenario refleja la tensión entre la realidad urbana local y las tarifas de lujo impuestas por el Mundial. La transformación del área busca adaptarse a la demanda global de alojamiento y servicios. Así, el estado se prepara para el impacto económico y logístico de la competición.