La pregunta sobre quién *debería* ganar la Copa del Mundo, y no simplemente quién la ganará, revela una dimensión más profunda del torneo. Este enfoque trasciende el análisis deportivo y se centra en los valores y el significado del fútbol. La interrogante invita a reflexionar sobre qué equipos representan mejor el juego limpio, la superación y la inspiración. Se argumenta que la discusión sobre el merecimiento de un campeón es más valiosa que la mera predicción del resultado. El debate pone de manifiesto que el Mundial es un evento que va más allá de la competencia deportiva, siendo un espacio para la valoración de principios y la expresión de ideales. En definitiva, la pregunta sobre quién *debería* ganar, define el propósito del torneo.