El próximo Mundial de 2026 presenta un número récord de jugadores inmigrantes, representando casi el 23% de los participantes. Esta cifra sin precedentes contrasta con el endurecimiento de las políticas migratorias en el país anfitrión. La creciente diversidad de los equipos nacionales refleja un fenómeno global de movilidad humana. El torneo se celebrará en un contexto de tensiones políticas sobre la inmigración. Este aumento en la representación de jugadores nacidos en el extranjero plantea interrogantes sobre la identidad nacional y la integración. La situación subraya la paradoja de celebrar la diversidad en el deporte mientras se restringen las oportunidades migratorias. El Mundial 2026 podría convertirse en un escenario para el debate sobre la inmigración y su impacto en el fútbol.