Durante la primera década del siglo XXI, las parejas de los futbolistas internacionales fueron objeto de burlas y comentarios sexistas en los medios. Inicialmente, su rol se limitaba a una imagen superficial y se les negaba una identidad propia. Sin embargo, con el tiempo, se ha reconocido gradualmente su individualidad, aunque esta aceptación está condicionada a su apoyo al mundo del fútbol. Actualmente, se valora su contribución al éxito y la imagen pública de sus parejas, pasando de ser consideradas meros accesorios a figuras con un papel estratégico. Esta evolución refleja un cambio en la percepción social, aunque persiste la idea de que su valor reside principalmente en su relación con el deporte. La atención mediática y el escrutinio público siguen siendo constantes, pero ahora se enfocan en su influencia y participación en el ámbito futbolístico. El reconocimiento de su personalidad se mantiene supeditado a su servicio al fútbol.
