En Bulgaria, la oposición más activa contra la energía eólica proviene de partidos y movimientos con posturas antieuropeas. Estas organizaciones coordinan grupos que se desplazan por diversas localidades para intervenir en las consultas públicas de proyectos de energía renovable. El objetivo de estas campañas es transformar el debate técnico y ambiental en una estrategia de intimidación hacia la población. A través de este enfoque, se busca frenar la implementación de parques eólicos mediante la manipulación de la opinión pública. Esta dinámica refleja una tensión política donde la transición energética se convierte en un campo de batalla ideológico. El fenómeno subraya la influencia de sectores euroescépticos en la resistencia a las directrices energéticas europeas. En consecuencia, el diálogo constructivo sobre la sostenibilidad se ve obstaculizado por tácticas de miedo y desinformación.