El humo proveniente de los devastadores incendios forestales en el norte de Ontario, Canadá, ha generado una crisis de salud pública que se extiende a ciudades lejanas como Toronto. Testigos describen cielos anaranjados y un olor intenso a quemado, similar al de una fogata. Los hospitales han registrado un aumento de pacientes con alergias y dificultad para respirar debido a la exposición a las partículas de hollín y ceniza. Expertos están investigando la relación entre la exposición al humo y el aumento de la mortalidad. La situación destaca la creciente prevalencia de condiciones climáticas propicias para incendios forestales y la necesidad de abordar los riesgos para la salud asociados. La calidad del aire se ha deteriorado significativamente, afectando a la población incluso en interiores.