Un congreso de arqueología celebrado en Jerusalén sobre la Cisjordania ha generado controversia debido a la creciente politización del evento. A pesar de atraer a cientos de participantes, incluyendo académicos, la asistencia internacional ha disminuido significativamente y muchos expertos en el campo optaron por no asistir. Algunos asistentes describieron el congreso como “altamente politizado”, sugiriendo que las discusiones se vieron influenciadas por factores políticos en lugar de puramente académicos. La baja participación internacional refleja preocupaciones sobre la posible instrumentalización política de la investigación arqueológica en la región. El evento, aunque concurrido, pone de manifiesto las tensiones existentes en torno a la arqueología y la política en Cisjordania. La politización del congreso plantea interrogantes sobre la objetividad y la independencia de la investigación arqueológica en el contexto del conflicto israelí-palestino.
