En un partido local en Belgrado, Serbia, se rindió un sorprendente homenaje al criminal de guerra condenado, Ratko Mladić. Durante el encuentro, se guardó un minuto de silencio en su memoria, provocando indignación y controversia. Mladić fue declarado culpable de genocidio y crímenes de guerra por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia. Este acto de conmemoración desafía las condenas internacionales y reaviva viejas heridas en la región. La reacción a este evento ha sido fuerte, con llamados a una condena más enérgica por parte de las autoridades serbias. El gesto demuestra tensiones persistentes y el legado conflictivo de las guerras de los Balcanes en Serbia.

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