Investigadores del Instituto de Botánica Experimental de la Academia de Ciencias de la República Checa están probando el uso de bacteriófagos, virus que destruyen bacterias, como método de protección para los tomates. El objetivo principal es encontrar una alternativa más sostenible al control de la tizón bacteriana, una enfermedad que afecta significativamente la producción de frutos. Los científicos han desarrollado un prototipo funcional que actualmente se está probando en condiciones controladas. Esta técnica busca ofrecer una solución menos agresiva con el medio ambiente en comparación con los métodos tradicionales. La investigación se centra en aprovechar la capacidad natural de los bacteriófagos para combatir infecciones bacterianas en los cultivos. Los resultados preliminares son prometedores y podrían representar un avance en la agricultura sostenible.