El regreso a clases en Venezuela se presenta como un reto económico para las familias, quienes deben sortear la alta inflación y las secuelas del reciente terremoto. Los padres se ven obligados a adquirir los útiles escolares de forma escalonada, buscando ofertas y priorizando lo esencial para poder cubrir las necesidades de sus hijos. La situación económica del país dificulta la compra de uniformes, libros y otros materiales requeridos para el nuevo año escolar. A esto se suma la carga adicional causada por los daños materiales provocados por el terremoto, que afectó a varias regiones del país. Muchas familias aún están en proceso de recuperación y reconstrucción, lo que limita aún más su capacidad de gasto. El costo de la educación se ha convertido en una preocupación central para los venezolanos, en un contexto de crisis económica persistente. Se espera que esta situación impacte significativamente el acceso y la permanencia de los estudiantes en el sistema educativo.