Dos fuertes terremotos azotaron el norte de Venezuela, elevando el número de fallecidos a más de 235 y dejando a miles de personas atrapadas bajo los escombros. Las operaciones de rescate se han intensificado, aunque los residentes locales denuncian una respuesta oficial lenta. La comunidad internacional ha ofrecido ayuda, incluyendo asistencia significativa por parte de Estados Unidos y el envío de equipos de rescate de varios países. A pesar de la destrucción generalizada, la infraestructura petrolera clave de la nación se ha mantenido en gran medida operativa. Las autoridades venezolanas enfrentan el desafío de coordinar la ayuda y evaluar la magnitud total de los daños. Se teme que el número de víctimas mortales aumente a medida que continúen las labores de rescate.