El vicepresidente estadounidense, JD Vance, justificó la política de la administración Trump respecto a Irán, defendiendo la permisividad ante el desarrollo de un programa de misiles por parte de Teherán. Vance argumentó que no se puede impedir que Irán se defienda, sugiriendo que la restricción total en este ámbito es irrealista. Además, aseguró que Estados Unidos no proporcionará financiamiento alguno a Irán, enfatizando una postura de firmeza económica. Esta declaración reafirma la estrategia de presión máxima previamente adoptada hacia el gobierno iraní. La administración actual mantiene una línea similar a la de su predecesor en cuanto a la política con Irán. La postura de Vance implica una aceptación tácita de la capacidad de Irán para desarrollar armamento defensivo, a cambio de no recibir apoyo financiero estadounidense.
