Tras veinte años de presencia militar, Estados Unidos ha concluido formalmente su intervención en Afganistán, dejando al país en manos del régimen talibán. La retirada, completada a finales de agosto, marca el fin de la guerra más larga en la historia de Estados Unidos y un costoso fracaso estratégico. El colapso del gobierno afgano respaldado por Occidente fue rápido tras la salida de las tropas estadounidenses, permitiendo a los talibanes tomar el control del país. La intervención, iniciada en 2001 como respuesta a los ataques del 11 de septiembre, tuvo como objetivos derrocar a los talibanes y combatir el terrorismo. Sin embargo, la misión no logró estabilizar Afganistán ni erradicar la amenaza terrorista, y resultó en la pérdida de miles de vidas, tanto de soldados estadounidenses como de civiles afganos. El análisis sugiere que la intervención estadounidense, a pesar de su duración y recursos invertidos, no logró alcanzar sus objetivos declarados y dejó un legado de inestabilidad y conflicto.