Estados Unidos ha condenado firmemente las recientes declaraciones de Daniel Ortega sobre la cancelación de elecciones en Nicaragua. El Secretario de Estado, Marco Rubio, acusó a Ortega de gobernar con una naturaleza autoritaria y de temer la voluntad popular. La administración estadounidense considera que esta decisión representa un retroceso en la democracia nicaragüense y una violación de los derechos fundamentales. Washington advirtió que no permanecerá indiferente ante la situación, sugiriendo que se tomarán medidas para presionar al régimen. Aunque no se especificaron las acciones a tomar, se anticipa un aumento de la presión diplomática y económica. La comunidad internacional observa con preocupación el deterioro de la situación política en Nicaragua.

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