El vicepresidente estadounidense, JD Vance, enfatizó la dependencia de Israel del armamento proporcionado por Estados Unidos. Según Vance, dos tercios de las armas defensivas utilizadas por Israel en los últimos tres meses fueron fabricadas en EE.UU. y financiadas con fondos de contribuyentes estadounidenses. Esta declaración se produce en un contexto de crecientes tensiones internacionales y presiones sobre la política exterior estadounidense. La alusión implícita sugiere una crítica a posibles acciones israelíes que podrían afectar la relación bilateral. El gobierno de EE.UU. busca recalcar su rol como aliado clave de Israel, especialmente en materia de defensa. La declaración busca, además, justificar la continuidad del apoyo militar estadounidense a Israel.
