Estados Unidos ha amenazado a Irán con lo que describe como “violencia financiera”, intensificando la presión económica sobre el país. Esta amenaza se materializará a través de sanciones secundarias semanales dirigidas al sector bancario iraní, según declaraciones de Scott Bessent. Washington busca restringir aún más el acceso de Irán al sistema financiero internacional. Estas sanciones buscan dificultar las transacciones bancarias de Irán con terceros países. La administración estadounidense considera esta estrategia como una forma de ejercer coerción económica sobre Teherán. Ello, en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas en la región. La imposición continua de sanciones pretende aislar a Irán y limitar su capacidad para financiar actividades consideradas desestabilizadoras.

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