Estados Unidos llevó a cabo ataques contra diez objetivos militares iraníes ubicados cerca del Estrecho de Ormuz, en respuesta a un ataque con dron contra un buque petrolero comercial. La operación, autorizada por el presidente Trump, se centró en instalaciones de vigilancia, comunicaciones y drones. Este ataque representa una escalada de tensiones a pesar de la tregua temporal existente en la región. Washington ha advertido que responderá con más fuerza si Irán continúa con acciones hostiles. El incidente ha generado preocupación internacional sobre la estabilidad en el Golfo Pérsico. La administración estadounidense justifica los ataques como una medida defensiva necesaria. Se desconoce por el momento la respuesta de Irán a estos bombardeos.